El dolor de ver arder la memoria
Si echáis la vista atrás, veréis que en este rincón de crónicas sotillanas he hablado muchas veces de mis recuerdos, de la magia del Valle del Tiétar y de ese Sotillo enclavado en la naturaleza. Hemos compartido fotos antiguas de mi querido pueblo, cubierto por ese monte «verde que te quiero verde». Por eso, aunque no nací aquí, me duele en lo más profundo del alma lo que le está ocurriendo a mi lugar preferido del mundo.
En días como hoy, los recuerdos se agolpan en la mente. Recuerdos de todo tipo, incluidos antiguos incendios forestales —aunque ninguno comparable a esta pesadilla— que inevitablemente me arrastran hacia la nostalgia y una pena negra. Tengo sesenta y dos años y jamás he visto nada igual. Ni siquiera aquel fuego devastador que arrasó Pinosa y cuyas llamas llegaron hasta las vallas de piedra del campo de fútbol de El Teso. Aquella vez, los sotillanos de todo tipo y condición se unieron para vencer a las llamas, mientras las mujeres del pueblo, tan aguerridas como el que más, preparaban sin descanso bocadillos y agua en la plaza del Generalísimo para los héroes del momento.
Pero esto... esto no se parece a nada.
Es desolador ver cómo la gente tiene que abandonar el pueblo. Dejarlo así, como nunca se había visto: sin la alegría de sus vecinos, sin sus veraneantes (que es como a mí me gusta llamarlos) y sin el bullicio de sus comercios, esa pulsión vital con la que late Sotillo cada día.
Si la situación no cambia, los que ya tenemos una edad jamás volveremos a ver nuestras montañas vestidas de pinos, allí donde se agarran las nubes de invierno para traernos el agua que tanto necesitamos. Perderemos el recuerdo olfativo de ese olor a pino tan característico en verano, ese aroma que, cada vez que lo respiro, me lleva directo y sin escalas a mi infancia.
Sin embargo, si algo sé con certeza, es que Sotillo saldrá adelante. Saldremos adelante. Porque somos un gran pueblo: luchador, emprendedor y unido a los municipios vecinos con los que hemos forjado una manera única de ser y de estar en el mundo. Frente al mundo.
Todo mi cariño para mi gente, para mis amigos... para este pueblo que nunca se rinde.
Manuel J. Monterde Castillo
Trespassos
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