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ARTE2
Hay momentos en los que la historia nos alcanza de golpe. La imagen que ilustra esta entrada fue publicada por el diario El Mundo el día que las autoridades ordenaron la evacuación total de nuestro municipio a causa de la masa de humo provocada por el incendio de Burgohondo.
Esta fotografía no es solo un documento gráfico: es el reflejo de un hito en la memoria de Sotillo. Generaciones futuras de sotillanos la analizarán para comprender cómo nuestro pueblo supo hacer frente, con madurez, civismo y responsabilidad, a las consecuencias de las crisis climáticas que atravesamos.
Como siempre ha demostrado, Sotillo ha estado a la altura de las circunstancias. Sigamos demostrando el gran pueblo que somos.
Manuel J. Monterde Castillo
Trespassos
Si echáis la vista atrás, veréis que en este rincón de crónicas sotillanas he hablado muchas veces de mis recuerdos, de la magia del Valle del Tiétar y de ese Sotillo enclavado en la naturaleza. Hemos compartido fotos antiguas de mi querido pueblo, cubierto por ese monte «verde que te quiero verde». Por eso, aunque no nací aquí, me duele en lo más profundo del alma lo que le está ocurriendo a mi lugar preferido del mundo.
En días como hoy, los recuerdos se agolpan en la mente. Recuerdos de todo tipo, incluidos antiguos incendios forestales —aunque ninguno comparable a esta pesadilla— que inevitablemente me arrastran hacia la nostalgia y una pena negra. Tengo sesenta y dos años y jamás he visto nada igual. Ni siquiera aquel fuego devastador que arrasó Pinosa y cuyas llamas llegaron hasta las vallas de piedra del campo de fútbol de El Teso. Aquella vez, los sotillanos de todo tipo y condición se unieron para vencer a las llamas, mientras las mujeres del pueblo, tan aguerridas como el que más, preparaban sin descanso bocadillos y agua en la plaza del Generalísimo para los héroes del momento.
Pero esto... esto no se parece a nada.
Es desolador ver cómo la gente tiene que abandonar el pueblo. Dejarlo así, como nunca se había visto: sin la alegría de sus vecinos, sin sus veraneantes (que es como a mí me gusta llamarlos) y sin el bullicio de sus comercios, esa pulsión vital con la que late Sotillo cada día.
Si la situación no cambia, los que ya tenemos una edad jamás volveremos a ver nuestras montañas vestidas de pinos, allí donde se agarran las nubes de invierno para traernos el agua que tanto necesitamos. Perderemos el recuerdo olfativo de ese olor a pino tan característico en verano, ese aroma que, cada vez que lo respiro, me lleva directo y sin escalas a mi infancia.
Sin embargo, si algo sé con certeza, es que Sotillo saldrá adelante. Saldremos adelante. Porque somos un gran pueblo: luchador, emprendedor y unido a los municipios vecinos con los que hemos forjado una manera única de ser y de estar en el mundo. Frente al mundo.
Todo mi cariño para mi gente, para mis amigos... para este pueblo que nunca se rinde.
Manuel J. Monterde Castillo
Trespassos
• Cruz Roja Juventud desarrollará actividades para infancia y juventud con la finalidad de promover el voluntariado los próximos días 23 y 24 de julio en Candeleda y El Barraco.
• Se anima a participar a la población joven en los diferentes talleres para conocer la entidad y las posibilidades existentes en la zona, exponiendo sus necesidades e inquietudes para potenciar la participación y el cambio social.
• Cruz Roja Juventud en Castilla y León dentro del proyecto Activación Juvenil en Zonas Rurales, financiado por el Instituto de la Juventud a través de la subvención de la Junta de Castilla y León - Consejería de Familia e Igualdad de Oportunidades y que está financiado con cargo a la asignación tributaria del 0,7% del Impuesto sobre la Renta de las Personas Físicas y sobre sociedades para la realización de programas de interés general, realizará diversas actividades para juventud e infancia en la piscina de Candeleda.
21 de julio. Valladolid. El proyecto Activación Juvenil en Zonas Rurales desarrolla su acción durante todo el año y tiene como objetivos la sensibilización social sobre la importancia del voluntariado joven, pues hoy en día, la demanda de voluntariado es cada vez mayor debido al aumento de personas que atendemos, al agravamiento de sus necesidades básicas y más en el caso del medio rural. Por otra parte, otro de los objetivos del proyecto es la promoción y dinamización del voluntariado joven en el medio rural.
El voluntariado contribuye notablemente a la construcción de una ciudadanía responsable, aportando un valor incalculable en la intervención con las personas vulnerables. Asimismo, simboliza la respuesta generosa de nuestra sociedad ante los problemas y el deterioro de las
condiciones de vida de miles de personas. Gracias a su labor, Cruz Roja lleva a cabo sus proyectos sociales y permite dar respuesta a las personas más vulnerables y los problemas emergentes atendiendo nuevas necesidades.
Desde Cruz Roja Juventud invitamos y animamos a la infancia y juventud de Candeleda el 23 de julio:
HORARIO | ACTIVIDAD | LUGAR |
11:00-13:00 | Conocer Cruz Roja Juventud | Sala de usos múltiples del Ayuntamiento de Candeleda. |
Y el 24 de julio en El Barraco en el siguiente horario:
HORARIO | ACTIVIDAD | LUGAR |
17:00-19:00 | Conocer Cruz Roja Juventud | Piscina de El Barraco |
Hoy viajamos en el tiempo hasta uno de los rincones más emblemáticos de Sotillo: la ferretería de Filo, en la calle Arroyo.
Si la memoria no me falla, a un lado del callejón asomaba la parte trasera de la casa piedra de Salva, flanqueada aun lado, la ferretería por una pequeña oficina donde se contrataba y vendía el gas butano, la tienda de electrodomésticos Gon-San y poco más. Pero hoy mi recuerdo se detiene, con precisión casi sagrada, en la ferretería.
Quien haya pisado aquel lugar jamás podrá olvidar su entrada. Cruzar el umbral exigía descender tres escalones para adentrarse en un universo en penumbra, de esos que guardan un frescor balsámico en verano y un frío riguroso en invierno, solo amansado por el latido rojizo de una estufa catalítica que intentaba, sin mucho éxito, calentar el ambiente. Allí la luz del sol jamás hizo acto de presencia; la fotosíntesis era una teoría ajena a sus muros. La única iluminación procedía de bombillas con filamentos de tungsteno que colgaban del techo, suspendidas entre cientos de enseres que abarrotaban el aire, balanceándose como chorizos saecula saeculorum.
Era un comercio a la antigua usanza, un bastión inmune al posmodernismo actual. Vivía completamente alejado de la era del blíster y del plástico empaquetado. Allí uno acudía a comprar trece clavos y recibía, con matemática exactitud, trece clavos —o, en su defecto, un puñado generoso que Filo envolvía con destreza quirúrgica en un trozo de periódico o en la hoja arrancada de una vieja guía de Páginas Amarillas—. Todo por el módico precio de tres pesetas.
De haber nacido en la antigüedad, Filo habría sido un gran comerciante fenicio: poseía un olfato innato para el negocio ético y un dote de mando que ya hubiera querido para sí el mismísimo general Patton. Era una bellísima persona que atesoraba todo el saber imaginable sobre el mundo de la ferretería, luciendo siempre una media sonrisa entrañable, al más puro estilo Clark Gable.
Entrar en su tienda resultaba adictivo. Uno no solo iba a buscar un recambio, sino a regalarse un buen rato conversando con él o con alguno de sus empleados —como Jesús, siempre dispuesto—. Era un refugio cálido en el que uno se sentía sinceramente bienvenido.
Para quienes no llegaron a conocerlo, baste decir que allí existía solución para todo. Había un artilugio para cada problema humano, y si no existía, Filo y su equipo te explicaban cómo apañártelas sin necesidad de un grado en ingeniería en la Universidad Autónoma de Madrid. Si pedías algo y ellos no lo tenían, sencillamente es que no se había inventado; ni el mismísimo Amazon habría sido capaz de rastrearlo en la aldea más remota de Australia. Y si la pieza dudaba en aparecer, tras aquel mostrador de madera pulida por los callos de mil veraneantes manitas y autónomos del pueblo, ocurría la magia. Detrás se abría un almacén misterioso, con otros tanto escalones, del que sospecho emergía una suerte de Oompa Loompas sacados de Charlie y la fábrica de chocolate, apareciendo de la nada con el recambio exacto en la mano desde las profundidades de ese agujero negro en el que jamás llegué a poner un pie.
Sobre aquel pasadizo oscuro circularon multitud de leyendas urbanas. Unos decían que allí se generaban vórtices capaces de hacerte viajar en el tiempo; otros lo comparaban con la entrada al mismísimo Averno. Yo, personalmente, me inclino a pensar que en sus paredes ocultas albergaba pinturas rupestres más antiguas que las de Altamira o Lascaux: donde dicen las malas lenguas ya existía una cueva paleolítica donde, miles de años atrás, ya se vendían utensilios de piedra tallada para los primeros recolectores de la comarca.
Bromas aparte, este lugar —hoy tristemente desaparecido— fue uno de los auténticos motores de la vida de nuestro pueblo. Un espacio que se hacía grande porque al frente había un director de orquesta excepcional. Hay negocios que solo sostienen su alma gracias al maestro que los mima y los potencia. Y Filo fue, sin duda alguna, un director imprescindible.
Manuel J, Monterde Castillo
Trespassos
Francia, Italia, Alemania, Polonia, Palestina, Kenia, Sudáfrica o Guinea Ecuatorial son algunos de los países representados en un programa que convierte a la ciudad en referente internacional de la formación del profesorado de español.
La ciudad de Ávila volverá a convertirse durante el mes de julio en un punto de encuentro internacional para la enseñanza del español gracias a los cursos de formación organizados por el Ministerio de Educación, Formación Profesional y Deportes, a través de la Acción Educativa Exterior, en colaboración con la UNED. El programa reúne durante tres semanas consecutivas a docentes de español procedentes de todo el mundo, que recibirán formación especializada mientras conocen el patrimonio histórico y cultural de la capital abulense.
En total, está prevista la participación de una media de 25 profesores por curso, que llegan desde 18 países: Alemania, Austria, Bélgica, Costa de Marfil, Eslovaquia, Eslovenia, Francia, Grecia, Guinea Ecuatorial, Hungría, Italia, Kenia, Palestina, Polonia, Portugal, República Checa, Rumanía y Sudáfrica. Estos docentes desarrollan su labor en sistemas educativos extranjeros y viajan hasta Ávila para actualizar sus conocimientos metodológicos y fortalecer la enseñanza del español en sus respectivos países.
Los tres cursos abordan algunos de los principales desafíos a los que se enfrenta hoy la enseñanza del español como lengua extranjera. El primero está dedicado a la incorporación de la tecnología, los recursos multimodales y la innovación metodológica para potenciar la competencia comunicativa del alumnado. El segundo profundiza en las metodologías activas, la creatividad docente y el diseño de recursos didácticos que favorezcan un aprendizaje más participativo, significativo e inclusivo. El tercero se centra en la inteligencia artificial como aliada del profesorado para enseñar, crear materiales y evaluar el aprendizaje, ofreciendo herramientas prácticas para integrar la IA en el aula desde una perspectiva pedagógica, crítica y ética.
Pero la formación va mucho más allá de las aulas. El programa incluye un completo itinerario cultural para que los participantes conozcan algunos de los principales atractivos de la ciudad, con visitas guiadas a la muralla, la Catedral, el casco histórico, el Palacio de Superunda, la colección Caprotti, el Monasterio de la Encarnación o el Real Monasterio de Santo Tomás, además de un recorrido nocturno por el mirador de Los Cuatro Postes.
La elección de Ávila como sede de estos cursos supone un importante reconocimiento a la ciudad y consolida la colaboración entre el Ministerio y la UNED para proyectar internacionalmente tanto la enseñanza del español como el patrimonio histórico y cultural abulense. Cada verano, decenas de docentes extranjeros regresan a sus países tras una experiencia formativa que convierte a Ávila en un auténtico escaparate internacional del idioma español y de la riqueza cultural de Castilla y León
Acceso desde C/ Canto de la Virgen a la pista forestal del Canto de la Linde
Acceso desde Planta Potabilizadora a pista forestal de las Presas de Majalcobo
Acceso desde carretera provincial AV-P-703 a la pista forestal de Majalcobo/Jornillo
Accesos desde otros términos municipales vecinos a las pistas forestales de El Borbollón/Cuesta
Accesos a Pinosa desde la Urbanización Fuente de la Salud
Ávila, 17 de julio de 2026.- El aceite de oliva virgen extra Óbila, de la Cooperativa San Pedro Bautista (San Esteban del Valle), integrante de la Asociación de Olivareros del Sur de Ávila que está a las puertas de conseguir la primera IGP de AOVE de Castilla y León, ha logrado en apenas dos semanas sendos prestigiosos premios internacionales. Uno, la Medalla de Oro en el EVO International Olive Oil Contest, celebrado en Italia a finales de junio; y otro, el Prestige Gold obtenido esta misma semana en Israel, en la Terraolivo International Olive Oil Competition.
“Felicitamos a los miembros de la Cooperativa, a toda la Asociación y a las familias del sur de nuestra provincia que están poniendo tantos conocimientos, esfuerzos e ilusión para que el aceite de oliva virgen extra de nuestra tierra sea reconocido más allá de las fronteras españolas”, ha señalado el presidente de la Diputación, Carlos García.
“Estos premios demuestran que vamos en la buena dirección y son un aliciente para seguir trabajando y apostando por un producto de la máxima calidad que aporta riqueza, empleo, prestigio y desarrollo presente y futuro en municipios como San Esteban del Valle y tantos otros del Valle del Tiétar que tienen un gran potencial en la industria agroalimentaria abulense, autonómica y nacional gracias al olivo”, ha añadido.
Pedro Gómez, presidente de la Cooperativa San Pedro Bautista, una de las seis almazaras fundadoras de la Asociación de Olivareros del Sur de Ávila, se muestra “muy satisfecho por estar a la altura del compromiso con la calidad de la aceituna y de elaboración en las almazaras para producir un aceite de una categoría extraordinaria que encuentra reconocimiento nacional e internacional”. Óbila es la marca de cosecha temprana y prensado en frío que “además de premios, está dándonos un incremento de ventas espectacular y se está convirtiendo en una puerta de entrada para que los consumidores conozcan y adquieran otros aceites del Valle del Tiétar, igualmente de calidad extraordinaria”.
Además de estos premios italiano e israelí, en los últimos meses Óbila ha logrado otros dos galardones, uno en el Berlin Global Olive Oil Awards y otro, el Gran Mezquita, máximo reconocimiento de los XIII Premios Mezquita, donde este producto obtuvo 96 puntos sobre cien.
Domingo 19 de julio desde las 20:30h
Plaza de la Concordia de Sotillo
El edificio Piqueras siempre ha estado ahí, inamovible, como si formara parte del propio paisaje de mi memoria. Si hubo un antes de sus paredes, no lo sé; para mí, el mundo en este rincón del mapa empezó con él. Hoy, lamentablemente, se alza en un franco y melancólico abandono, convertido en la sombra de lo que fue: historia viva de un lugar que una vez desbordó vitalidad.
Yo tuve la fortuna de habitar sus entrañas. Viví en su primera planta durante algunos años, justo después de dejar aquella entrañable casa de Teléfonos en el número 1 de la Plaza de Melilla.
Pero si cierro los ojos y me remonto a la infancia, el edificio Piqueras no era solo un bloque de pisos; era un auténtico paraíso de ladrillo para los niños de la época. Era el templo de «los billares». Entre el tintineo de las monedas y el humo de aquellos años, se distribuían futbolines, mesas de ping-pong y aquellos billares misteriosos con setas en medio. Las mañanas de los domingos, puntuales tras salir de misa, se convertían en un ritual junto a mis amigos. Allí no solo jugábamos; nos quedábamos embobados contemplando la elegancia de los maestros del billar francés o la velocidad hipnótica de los jugadores de tenis de mesa. Lo mío, sin embargo, era devoción pura por las máquinas de pinball: sus sonidos eléctricos, sus desafíos luminosos y la gloria que sentías cada vez que el marcador estallaba regalándote una partida gratis.
Al fondo de aquel santuario lúdico se levantaba una imponente pared que desafiaba a unos techos altísimos. Era el territorio de los mozos, que jugaban al frontón a mano abierta, golpeando el cuero contra el muro con una fuerza brutal. Sin raquetas, a puro pulmón.
¡Nos lo pasábamos en grande!
La música también encontró su hogar entre aquellas paredes. Es imposible olvidar los conciertos en directo de Los Kriptón, o los primeros acordes de Venecia, que amenizaban las tardes tiñendo el ambiente de un rock puramente sotillano. De todos ellos, a mí me fascinaba Venecia, y muy especialmente Antonio —el gran Antonio de Sotimuebles— a la batería. Era un auténtico titán de la percusión; poseía unos brazos que parecían troncos de pino y un ritmo tan endiablado que habría hecho bailar a los mismos muertos, o a Luis «el ciego», acariciando la guitarra con unos punteos tan limpios y profundos que eran capaces de hipnotizar a cualquiera.
Pero el edificio Piqueras era, ante todo, un camaleón. Lo mismo servía de sala de conciertos que de elegante salón para banquetes de boda. Recuerdo perfectamente haber asistido a uno de ellos: el de Pili, una trabajadora de Teléfonos que, si la memoria no me falla, es la viva imagen de la fotografía. De ella conservo el recuerdo de cuando yo era muy crío: una muchacha muy guapa que, años más tarde y con ojos de menos niño, pude confirmar que lo era.
En aquellos tiempos, los banquetes corrían a cargo de lo que hoy modernamente llamamos empresas de catering, pero con una diferencia sustancial: la comida no llegaba en bandejas recalentadas. La cocina se improvisaba allí mismo, justo detrás de la pared del frontón, en una construcción a medio hacer, desprovista de tejado, puertas o ventanas. En ese escenario casi irreal, entre vapores y fogones, los cocineros y camareros se afanaban en dar vida a verdaderas delicias culinarias. Y después del banquete, llegaba el clímax: el baile allí mismo, una fiesta a puerta abierta donde todo el pueblo estaba invitado a mover el esqueleto.
Hasta aquí llega el viaje por mis recuerdos en el edificio Piqueras. Sé que este gigante dormido guarda muchas más historias en sus cimientos. Por eso os propongo un trato: si conocéis algún detalle más, una anécdota o un retazo de su historia, os leo abajo, en los comentarios. ¡Hagamos memoria juntos!
Manuel J. Monterde Castillo
Trespassos