El rostro del horror: David E. Scherman bajo la mirada de Lee Miller
La realidad de la barbarie humana, cuando se fotografía en sus últimas consecuencias, resulta siempre espeluznante. Esta imagen es un testamento de hasta dónde somos capaces de llegar por la ambición de dominio. En ella, el reportero de guerra David E. Scherman se dispone a plasmar el conflicto en su sentido más crudo; pero, justo enfrente, como si de un duelo de espejos se tratara, es la fotógrafa Lee Miller quien dispara su obturador para la icónica revista LIFE.
A primera vista, no parece un duelo a muerte, pero la composición evoca esa tensión: dos seres humanos enfrentados en un escenario donde la razón se ha perdido. Es la paradoja de la guerra capturada en un instante: el fotógrafo fotografiado.
La imagen destila una atmósfera claustrofóbica. Scherman aparece ataviado con una máscara antigás, un elemento que despoja al sujeto de su humanidad y lo convierte en un ser anónimo, en un "subhombre" sin rostro ni aparentes sentimientos. Esa careta le obliga a mirar el desastre a través de un escaparate limitado, quizás como una metáfora visual de cómo el ser humano se protege —o se esconde— para no sentir vergüenza ni pena ante el horror que le rodea.
Sin embargo, entre tanto simbolismo sombrío, emerge un detalle casi poético: el paraguas. Lo que técnicamente sirve para proteger las lentes de los destellos solares indeseados, se convierte, ante mi óptica de un mundo en paz, en un punto de fuga de esperanza. Es un objeto cotidiano, casi tierno, en medio de la maquinaria bélica; un recordatorio de esa paz que, como una palabra hermosa y necesaria, todo soldado debería conservar en su memoria.
Es una fotografía profundamente triste. Nos recuerda que, en el frente, el hombre a veces debe renunciar a su identidad para convertirse en un engranaje más de la tragedia.
ARTE2

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