Eva Saldaña, directora ejecutiva de Greenpeace España

La vida en Doñana se adentra en territorio desconocido. El Parque Nacional más emblemático de nuestro país y uno de los más valiosos para la biodiversidad de Europa y África puede desaparecer tal y como lo conocemos.

Hemos visto degradarse muchos espacios naturales de altísimo valor en todo el planeta, pero nunca imaginamos que serían los Gobiernos encargados de protegerlos quienes activarían el mecanismo de destrucción en un espacio que creíamos amparado por las más exigentes figuras de protección. Si el Gobierno de Andalucía no respeta Doñana, la ‘joya de la corona’ de la naturaleza en España, ¿qué cabe esperar para el resto de valores naturales del sur de la península?

Tras la reciente votación del Parlamento de Andalucía, con los votos de PP y VOX, se pone en marcha un proceso que prevé indultar cientos de pozos ilegales que llevan décadas robando y saqueando un bien común cada vez más escaso y precioso: el agua.

La expansión sin freno, gobierno tras gobierno, de regadíos sin control en el entorno de Doñana, para saciar la sed de negocio del lobby agroindustrial de los frutos rojos, no solo puede quedar impune, sino que puede obtener carta de legalidad mediante un indulto indiscriminado que ataca flagrantemente a los regantes legales, que sí han cumplido con sus cuotas de agua asignada.

Este indulto es también un insulto contra la ciencia. Los informes técnicos de la Estación Biológica de Doñana, del CSIC, y de otras muchas entidades, no pueden ser más claros y contundentes: el acuífero que mantiene con vida a Doñana se muere. Lo matan.

Todo este despropósito es perpetrado, además, en un contexto de sequía galopante, con previsiones poco halagüeñas para los próximos meses y en medio de una crisis climática que solo anticipa episodios similares cada vez más frecuentes, más agudos y más extensos. Los mismos que coquetean con el negacionismo climático están prometiendo un agua que, digámoslo ya con claridad, no va a llegar: tenemos poca agua, cada vez más escasa, muy contaminada y, como acabamos de comprobar, mal gestionada. Prometer más y más regadíos, no solo en Andalucía, es vender humo a los agricultores: papel mojado en un país que se desertifica.

«Los mismos que coquetean con el negacionismo climático están prometiendo un agua que, digámoslo ya con claridad, no va a llegar»

Por delante nos quedan las sanciones: Bruselas ya ha advertido de que emprenderá las medidas necesarias para multar al reino de España si este desastre se consuma. No sería la primera vez, ya hemos sido condenados por otros incumplimientos de la Directiva Marco del Agua o de la Directiva Hábitat. Una vez más, los autores de este atropello legislativo verán desde sus escaños y despachos cómo el resto de contribuyentes pagamos sus desaguisados millonarios.

«Los autores de este atropello legislativo verán desde sus escaños y despachos cómo el resto de contribuyentes pagamos sus desaguisados millonarios»

Por eso pedimos al Ministerio de Transición Ecológica y Reto Demográfico que haga todo lo posible para frenar este asalto intolerable a la biodiversidad de Doñana y a la seguridad jurídica de los regantes legales. Y no bastan parches, necesitamos un enfoque global y ambicioso que mande una fuerte señal de protección de la biodiversidad: nos va la vida en ello.

El futuro de muchas especies emblemáticas, algunas muy amenazadas, pende de un hilo en Doñana. Un hilo de agua que políticos y empresarios están metiendo en cajas de frutos rojos para exportarlas. Así estamos: el país más seco de Europa exportando agua en cajas de fruta y verdura.

No será el último mazazo que recibamos, pero tampoco es el primero. Y como en tantas ocasiones, no dejaremos que el miedo o la rabia nos paralicen. Desde Greenpeace y desde el conjunto de la sociedad civil defenderemos nuestro derecho a la esperanza y trabajaremos sin descanso para frenar y revertir este desastre.

«Desde Greenpeace y desde el conjunto de la sociedad civil defenderemos nuestro derecho a la esperanza»