Un recorrido histórico por la transformación urbana y social de la ciudad en la segunda mitad del siglo XX
El ciclo cultural de la UNED de Ávila acogió la conferencia de Nacho Hernández, centrada en el proceso de desarrollismo y transformación urbana de la ciudad durante la segunda mitad del siglo XX. La intervención ofreció un análisis detallado y contextualizado de los cambios económicos, sociales y arquitectónicos que marcaron la evolución de Ávila desde la posguerra hasta los primeros años del siglo XXI.
La sesión, que continúa una línea de trabajo iniciada en anteriores encuentros, se propuso profundizar en aquellos aspectos que habían quedado apenas esbozados en conferencias previas, especialmente en lo relativo a la vivienda y al crecimiento urbano. Hernández explicó que no es posible comprender la expansión de los años cincuenta y sesenta sin atender al contexto de la década de los cuarenta, un periodo especialmente complejo dentro de la historia contemporánea española.
El ponente contextualizó la situación de Ávila tras la Guerra Civil, recordando que la ciudad quedó integrada en la zona nacional desde agosto de 1936 y que, a partir de 1939, la evolución local estuvo estrechamente vinculada a la dinámica del nuevo Estado. La posguerra vino marcada por la autarquía, el aislamiento internacional y una profunda precariedad económica que condicionó la reconstrucción del país y, en consecuencia, el desarrollo urbano. En este escenario, el Estado impulsó organismos y marcos normativos destinados a regular la construcción y garantizar unas condiciones mínimas de habitabilidad. Hernández destacó la importancia de las primeras leyes de vivienda, que fijaron estándares técnicos básicos —dimensiones mínimas, ventilación, altura de techos— y que supusieron un salto cualitativo en una ciudad donde aún existían viviendas sin agua corriente bien entrado el siglo XX. Estas normas sentaron las bases de las promociones posteriores y marcaron un punto de inflexión en la calidad residencial.
La conferencia abordó también el impacto de la legislación sobre arrendamientos urbanos, que transformó progresivamente el modelo de vivienda en alquiler hacia una aspiración generalizada a la propiedad. Este cambio cultural tuvo una incidencia directa en la configuración urbana de Ávila y en la aparición de nuevos barrios y promociones residenciales. Durante los años cuarenta se levantaron los primeros grupos de viviendas sociales, caracterizados por construcciones de una planta, estética tradicional y pequeños huertos anexos. Estos conjuntos marcaron el inicio de una política de vivienda sistemática, aunque el crecimiento fue limitado en términos cuantitativos. De hecho, a mediados del siglo XX, una parte muy significativa del parque edificatorio de la capital seguía siendo anterior a 1900.
El verdadero punto de inflexión llegó a partir de 1959 con el cambio de orientación económica del país. La apertura internacional y el abandono progresivo de la autarquía impulsaron un proceso de
crecimiento acelerado que tuvo en la construcción uno de sus principales motores. En Ávila, este fenómeno se tradujo en la sustitución del modelo de vivienda unifamiliar de baja altura por bloques residenciales que permitieron densificar el suelo y responder a una demanda creciente.
Entre los años sesenta y comienzos de los setenta, la ciudad experimentó una transformación profunda de su fisonomía. Se consolidaron nuevos barrios, se ampliaron zonas próximas a la estación y al norte de la ciudad y se extendió el tejido urbano hacia el sur, considerado más favorable por sus condiciones de orientación y terreno. Al mismo tiempo, la iniciativa privada fue adquiriendo un papel cada vez más relevante frente a los organismos públicos en la promoción de viviendas. Hernández subrayó que este proceso no fue únicamente cuantitativo, sino también cualitativo. Las nuevas promociones incorporaron de forma generalizada agua corriente, baño, cocina independiente y mejores condiciones de salubridad, configurando el modelo de vivienda contemporánea que aún hoy define buena parte del parque residencial abulense.
La crisis del petróleo de 1973 marcó un punto de inflexión en el ritmo de crecimiento, coincidiendo además con el final del franquismo y el inicio de la transición democrática. En las décadas posteriores, la ciudad afrontó nuevos retos vinculados a la planificación urbanística y a la protección del patrimonio. En este sentido, la declaración de conjunto histórico-artístico en 1982 y el reconocimiento como Patrimonio Mundial en 1985 supusieron la incorporación de criterios específicos de conservación en la normativa urbana.
El ponente repasó igualmente los sucesivos planes generales de ordenación, que ampliaron progresivamente el ámbito urbanizable y redefinieron los ejes de crecimiento de la ciudad. Entre finales del siglo XX y la primera década del XXI se produjo una nueva fase expansiva de gran intensidad, que alteró de forma significativa la escala urbana y consolidó barrios más allá de las antiguas barreras físicas como el río o las vías del ferrocarril.
Como cierre, Hernández ilustró esta evolución con una reflexión personal sobre el desplazamiento progresivo de la población desde el casco intramuros hacia los ensanches y, posteriormente, hacia zonas aún más periféricas. Un cambio demográfico y espacial que resume, en términos cotidianos, la magnitud de la transformación vivida por Ávila en apenas medio siglo.
La conferencia ofreció así una visión rigurosa y accesible de un periodo clave para comprender la ciudad actual, poniendo en valor la planificación urbana, la política de vivienda y los factores económicos y sociales que moldearon el paisaje abulense contemporáneo.

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