El trabajo presentado por Jesús Gascón Bernal pone en valor las intervenciones realizadas en Arévalo, El Barco de Ávila y el puente de Las Aceñas, y reivindica estos pasos históricos como bienes culturales ligados a la historia, los caminos y la recuperación peatonal de las riberas
La restauración de tres puentes antiguos de la provincia de Ávila centró la conferencia impartida por Jesús Gascón Bernal dentro del ciclo de actividades culturales de la UNED de Ávila. A lo largo de su intervención, Gascón ofreció una mirada amplia sobre estas construcciones históricas, no solo como obras de ingeniería heredadas del pasado, sino también como piezas esenciales para comprender la historia del territorio, la red de caminos y la articulación de las ciudades y villas con sus ríos.
La conferencia versó sobre tres ejemplos concretos de la provincia de Ávila: el puente de Valladolid, en Arévalo, sobre el río Adaja; el puente de El Barco de Ávila, sobre el Tormes; y el puente de Las Aceñas, sobre el Aravalle. A través de estos tres casos, Jesús Gascón fue trazando una reflexión sobre la evolución histórica de este tipo de infraestructuras, sus características constructivas, las patologías que han sufrido con el paso del tiempo y los criterios que han guiado sus respectivas restauraciones.
Durante la charla, el ponente explicó que con frecuencia existe una tendencia a considerar romanas muchas de estas estructuras, cuando en realidad su desarrollo responde a procesos largos y complejos en los que confluyen trazados anteriores y posteriores a la romanización, caminos de trashumancia, procesos de repoblación medieval y redes viarias impulsadas sucesivamente por concejos, cabildos, alfoces y la propia monarquía. En este contexto, subrayó también la importancia de la Mesta, nacida en 1273, en la consolidación de muchas de estas vías pecuarias y de los puentes vinculados al tránsito ganadero.
La conferencia permitió asimismo adentrarse en los aspectos técnicos y morfológicos de estas construcciones. Gascón se detuvo en elementos como arcos, bóvedas, pilas, estribos, tajamares, contrafuertes, pretiles, malecones, canaletas y desagües, explicando también las diferencias entre el puente de tradición romana, caracterizado por el medio punto y la sillería bien labrada, y el puente gótico o medieval, en el que aparecen los arcos apuntados y otras soluciones estructurales. En este sentido, insistió en que los puentes históricos deben leerse como estructuras complejas, transformadas a lo largo del tiempo por reparaciones, reconstrucciones y adaptaciones que dificultan fijar de manera absoluta su origen.
Uno de los asuntos abordados en la intervención fue la pérdida de funcionalidad original de muchos puentes antiguos ante el desarrollo del tráfico rodado moderno. Jesús Gascón recordó cómo, con el paso del tiempo, numerosos caminos y puentes tuvieron que adaptarse a nuevas necesidades, lo que provocó ensanches, superposiciones e incluso demoliciones parciales. Entre los ejemplos citados,
mencionó la ampliación del puente de Cesures, en Pontevedra; la construcción, en torno a 1960, de un nuevo puente paralelo al antiguo sobre el Adaja en la ciudad de Ávila; y, de manera muy significativa, el caso del puente de Valladolid, en Arévalo, donde el estribo norte fue derribado para insertar una nueva estructura de hormigón.
En el apartado dedicado al puente de Valladolid, en Arévalo, Gascón reconstruyó una historia larga y compleja. Recordó que el puente sobre el Adaja aparece citado ya en 1519 por Fernando Colón y que a lo largo de los siglos se documentan numerosas reparaciones. Entre los hitos mencionados figuraron las obras en la torre del puente, distintos repartimientos para sufragar intervenciones, los daños causados por riadas y diversos expedientes de reconocimiento y reconstrucción conservados en la Diputación de Ávila. Ya en el siglo XX, explicó, la construcción del nuevo puente de hormigón entre las décadas de 1960 y 1970 afectó al estribo norte, mientras que en 2018 se redactó el proyecto de consolidación del puente mudéjar.
Desde el punto de vista formal, el ponente destacó que el puente de Valladolid conserva siete arcos de distribución irregular, algunos de los cuales permanecieron durante largo tiempo ocultos por tierra y maleza. Subrayó asimismo la singularidad de sus fábricas, en las que conviven piedra y ladrillo de tejar con perfil ojival y alfiz, rasgos que refuerzan su carácter mudéjar. Según explicó, la intervención se planteó con tres criterios generales: restituir el volumen perdido, consolidar con el mínimo uso posible de materiales exógenos y recuperar el recorrido peatonal. El resultado permitió, además, que el monumento abandonara la Lista Roja del patrimonio de Hispania Nostra.
El segundo de los ejemplos analizados fue el puente de El Barco de Ávila, estrechamente vinculado, según expuso Gascón, a la historia de la trashumancia. Durante la conferencia se puso de relieve que este paso sobre el Tormes fue punto de encuentro de distintas cañadas, entre ellas la Leonesa Occidental y otras procedentes de Ávila y Burgos. También se destacó su relevancia en el perfil urbano de la villa, junto al castillo de Valdecorneja y la iglesia parroquial, así como su condición de obra de ingeniería gótica de la segunda mitad del siglo XIII.
Jesús Gascón explicó que este puente unía una puerta de la muralla con el Humilladero, hoy ermita del Cristo del Caño, y que contó en otro tiempo con una torre que pudo ejercer funciones de torre albarrana, destruida posteriormente por las tropas francesas del general Hugo en su retirada. En cuanto a sus características formales, lo describió como una estructura de ocho ojos, con combinación de bóvedas de cañón y arcos apuntados, seis tajamares aguas arriba y cinco contrafuertes aguas abajo.
Otro de los aspectos destacados de la conferencia fue el análisis de las patologías y de los criterios de restauración aplicados en El Barco de Ávila. Antes de su intervención, la calzada permanecía asfaltada y seguía abierta al tráfico, pese a existir otro puente moderno a escasa distancia. Gascón señaló que la excavación arqueológica previa a la retirada del asfalto permitió localizar restos del antiguo pavimento pétreo, lo que facilitó la recuperación de parte de su perfil histórico. Recordó igualmente que el puente, de propiedad municipal y Bien de Interés Cultural desde 2017, obtuvo en 2021 el premio de Castilla y León a las “Mejores prácticas en conjuntos históricos y etnológicos”.
En este mismo bloque, el conferenciante repasó los daños observados tras las crecidas del río en noviembre de 2019: desprendimiento de sillares, pérdida de rejuntados, deterioro de tajamares, grietas, mermas en los paramentos, vegetación, sales, grafitis, problemas de evacuación del agua y obsolescencia de instalaciones. Frente a ello, explicó que la restauración siguió criterios inspirados en las Cartas del Restauro y, en particular, en la Carta de Cracovia, priorizando la conservación del valor histórico, morfológico y constructivo del puente. Entre las actuaciones realizadas citó la consolidación de grietas, el relleno de oquedades con resinas y mortero de cal hidráulica, la
reconstrucción de remates de tajamares, la sustitución del asfalto por codón de piedra y losas de granito, y la renovación de la evacuación de aguas y de la iluminación.
La tercera parte de la conferencia estuvo dedicada al puente de Las Aceñas, sobre el río Aravalle, en la confluencia con el Tormes. Según explicó Gascón, se trata de un puente al que se atribuye un posible origen previo a la repoblación, quizá romano, y que presenta como rasgo especialmente singular su planta cóncava hacia el este y la horizontalidad de su calzada. El ponente indicó que esta estructura supera los 70 metros de longitud y alcanza los 4,90 metros de anchura, con seis arcos y cinco tajamares adaptados al terreno.
Durante su intervención, Jesús Gascón recordó también la tradición de la existencia en este entorno de dos ermitas, dedicadas a San Bartolomé y San Juan, así como el progresivo desuso del puente tras la construcción, en 1979, de un nuevo paso que invade visualmente al antiguo. En cuanto a las patologías observadas, enumeró desprendimientos en pretiles, pérdida de cabezas de tajamares, grietas, mermas en paramentos, oquedades, vegetación y la obstrucción de uno de los arcos por restos arrastrados por la corriente tras las lluvias y crecidas de noviembre de 2019.
La restauración de Las Aceñas, según se explicó en la conferencia, respondió a esos daños mediante cosidos de grietas, eliminación de vegetación, reconstrucción de pretiles y remates, sustitución del asfalto por codón de piedra y losas, renovación de cazoletas y canaletas de recogida de aguas, y rejuntado de las zonas más deterioradas con mortero de cal hidráulica y arena de color.
Más allá del análisis individual de cada caso, Jesús Gascón subrayó también durante la charla algunos rasgos comunes en la construcción y en la restauración de los tres puentes. Entre ellos mencionó la base de sillería en contacto con el agua, la presencia de rellenos interiores de mampuestos, cantos o tierra compactada, el uso de capas de calicastro como planos de compactación y la existencia de elementos transversales interiores que ayudan a arriostrar las fábricas. Del mismo modo, se refirió a técnicas generales de consolidación como los cosidos estáticos, las inyecciones de lechadas de mortero de cal, los anclajes químicos sin expansión, los rejuntados con mortero de cal y los tratamientos para eliminar sales.
Uno de los mensajes finales de la conferencia fue el que vinculó la restauración monumental con los nuevos usos peatonales y con la recuperación de las riberas. En este sentido, Gascón defendió que la rehabilitación de los puentes medievales debe entenderse también como una oportunidad para recuperar itinerarios históricos y devolver protagonismo a las márgenes de los ríos como espacios de tránsito, deporte, ocio y convivencia. Esa lectura enlaza, además, con una visión contemporánea del patrimonio en sintonía con los principios de la Agenda 2030, en la medida en que apuesta por devolver centralidad peatonal a estos espacios cuando el tráfico rodado puede desviarse a otras infraestructuras.

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