Ante la inevitable comparación con la invasión de Ucrania, la distinción es fundamental: mientras que el conflicto ucraniano responde a un complejo desafío estratégico y fronterizo a Rusia, Venezuela no representaba amenaza alguna para la seguridad nacional de EE. UU. El móvil es, inequívocamente, el petróleo. Esa es la razón por la cual Cuba, pese a su histórico espíritu combativo, no ha sufrido una invasión similar: carece de los recursos que despiertan la codicia extractivista del imperio.
Ahora la ofensiva se desplaza al terreno de la batalla cultural y lingüística. Ya escuchamos en altavoces mediáticos como la COPE a figuras como a Carlos Herrera intentar camuflar una operación bélica bajo el eufemismo de "intervención policial", calificando de "detención" lo que, en términos de derecho internacional, constituye un secuestro. Debemos permanecer alerta frente a los relatos manufacturados por think tanks como el Real Instituto Elcano; laboratorios de pensamiento que diseñan la posverdad a la par que se ejecutan los despliegues militares. Si permitimos que se apropien del relato, habremos perdido la batalla decisiva.

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