En las campanadas de RTVE la tele pública, volvió a estar a la altura de lo que se espera de un ente público que pagamos todos. Fue un acierto en poner al frente de programa de las campanadas de fin de año a dos mujeres, fue un acierto en poner a Anne Igartiburu, un animal televisivo con más tablas este sector de la que muy poca gente puede presumir, a Ana Obregón, mujer que nos guste o no, pero que ayer represento a las miles de personas que esa noche no pudieron cenar ni festejar el nuevo año con sus seres más queridos porque se han marchado para siempre.
Nos emocionaron, nos hicieron cómplices de sus mensajes y esperanzas, y es que cuando nos llegan a corazón tan profundamente como esta noche inevitablemente pasarán a formar parte para siempre de nuestros recuerdos.
Enfrente, el panorama de las otras televisiones fue desolador. Y en este esperpento televisivo que es la TV privada en España (quitado la tele de pago de Telefónica) destaco a la incombustible Cristina Pedroche a lo que yo añado, y sus pechotes, que es lo que nos vende la televisión conservadora de Antena 3. Se creen sus directivos que esperar a ver las curvas (y su vestido de mascarilla con su edredón incorporado) de su presentadora estrella de las noches de fin de año es algo que nos enganche, y se equivocan. En pleno siglo XXI la venta de cuerpo de la mujer para hacer dinero es algo que esta casi superado afortunadamente. Y frente a dos mujeres de RTVE en su justo valor y en su justa armonía tenemos el espectáculo de la Pedroche vociferando.
Insisto, esta es la gran diferencia de un sector público que prima la calidad al negocio, frente al sector privado televisivo que pisotea cualquier principio para repartir dividendos a sus accionistas.
Gracias RTVE
Trespassos
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