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domingo, 9 de agosto de 2026

#OPINIÓN - De Prada y Ceuta | ÓSCAR CEREZAL

Juan Manuel de Prada



 Con Juan Manuel de Prada puedes estar de acuerdo o no. Yo suelo estarlo, lo reconozco. Pero es que aunque no lo estés se agradece la libertad con que expresa sus opiniones y unos análisis que no buscan aplausos fáciles (suele recibir tortas), más aún escribiendo como lo hace en el monárquico y conservador ABC.

Este artículo sobre los sucesos de la pasada semana en Ceuta, es otro nuevo ejemplo de ello.

 

Ceuta está perdida

Después de calificar de «ataque» y «violación de la integridad territorial de España» la invasión de la horda marroquí, el doctor Sánchez puso el culo en pompa y atribuyó solidariamente la culpa al Tribunal Supremo y a las «mafias», agradeciendo a Marruecos su cooperación. A continuación, el mariachi Marlaska, todavía más lambiscón, calificó a Marruecos de «socio absolutamente fiable». Se puede ser sumiso, se puede ser servil, se puede ser rastrero, se puede ser cornudo y apaleado, se puede ser arrebatadamente abyecto; pero para lamer almorranas alauitas con tanto denuedo hace falta un alma anélida.

¿No sabrá esta patulea que quien se humilla ante el soberbio no gana clemencia, sino desprecio? Pues es propio del soberbio pisar a quien ve postrado. A esta invasión fingida (que, sin embargo, nos dejará cientos de manadas deambulando por nuestras calles) se sucederá una invasión verídica; pues el ruego del cobarde aviva la crueldad del agresor. Pero conformarnos con señalar la capitulación de estos alfeñiques sería no pasar de la corteza. Ciertamente, el doctor Sánchez y sus mariachis están atrapados en el cepo de Mujamé, a quien Pegaso susurró sus trapisondas y gatuperios; por eso vendieron vilmente a los saharauis, por eso ahora se humillan y arrastran como lombrices ante el ensayo de invasión decretado por Mujamé. Pero ese ensayo de invasión no se habría producido sin el plácet de Israel y Estados, que tal vez incluso lo hayan instigado. Y, aunque sea tentador pretender que Israel y Estados Unidos se la tienen jurada al doctor Sánchez, por sus aspavientos antibelicistas o propalestinos (más falsos de Judas), la realidad es bien distinta. Y la realidad es que España es una colonia, un caniche al que primero han doblegado y después humillan a placer.

Si al frente del Gobierno español estuviese la derecha, ¿nuestro Ejército no estaría igualmente participando en misiones grotescas en el Ártico, en lugar de proteger sus fronteras? ¿Un gobierno de derechas no habría traicionado igualmente a los saharauis? ¿No estaría igualmente echando las culpas del ensayo de invasión a las «mafias»? Tal vez sus lametones a las almorranas alauitas habrían sido un poco menos exagerados (siempre que Pegaso no anduviese ramoneando por ahí), tal vez habrían añadido unas gotitas de aspaviento islamófobo en el guiso, para engatusar al patrioterismo más pauloviano, pero su docilidad ante el expansionismo marroquí y su sometimiento a las directrices anglosionistas habrían sido igualmente indignos. Y es que el Régimen del 78 lleva en su ADN la conversión de España en un caniche sometido y pisoteado; envuelto en retóricas altisonantes, por supuesto, pero caniche con las orejas gachas y el culo reventado, a la postre. Si España desea ejercer una soberanía real sobre su territorio, tendrá que empezar por liberarse del Régimen oprobioso que la ha convertido en una piltrafa. Entretanto, seamos serios, Ceuta está perdida (como tantas otras cosas).

domingo, 5 de julio de 2026

@OPINIÑON - Nietos | ÓSCAR CEREZAL




 La llamada «ley de nietos» que ni es ley ni es nada, porque es solo una disposición adicional de la denominada Ley de Memoria Democrática, permite solicitar la nacionalidad española a los hijos (pocos quedan ya) y nietos de los exiliados españoles tras la guerra civil de 1936-39, dado que a sus padres y abuelos se les retiró la misma, perdiendo ellos la posibilidad automática que da la ley a los hijos de españoles nacidos fuera del territorio nacional de tener la ciudadanía. Esto, que es un procedimiento puramente leguleyo y que pasó desapercibido, ahora es 100% polémico porque se acerca un proceso electoral a cara de perro y se está acusando al sanchismo de querer inflar su voto de cara a las futuras elecciones generales.

Hasta ahí puedo leer, porque es un tema que me confunde y a ratos me supera.

Primero, porque el propio PP que ahora hace aspavientos y lanza veladamente la idea del pucherazo, en su momento no solo lo permitió sino que iba más allá y defendía ampliarlo a todos los hijos y nietos de exiliados económicos. Debe ser que el voto durante años al PP gallego desde Argentina, les motivaba…

Lo segundo, porque creo que el debate real no debería ser el cortoplacista electoral – teniendo en cuenta que se da por sentado que los nietos de exiliados en el extranjero van a seguir votando lo que supuestamente harían sus antepasados, que es tanto decir como que los cientos de miles de extranjeros nacionalizados o con derecho a voto procedentes de hispanoamérica o el este de europa, van a votar a la izquierda por ser inmigrantes… más bien las pruebas creo que demuestran lo contrario– sino el de la identidad y la ciudadanía.

¿Es más español el nacido aquí con dos padres de Rabat o el hijo o nieto de emigrados desde Teruel? ¿Los son los dos o ninguno de ellos? ¿Es lógico que quien vive y tributa en el extranjero sin más ligazón cotidiana con la madre patria que el origen de sus antepasados, vote y decida sobre cosas que no le van a afectar más que coyunturalmente, como ya está pasado?

Más allá de la contienda electoral y el calentamiento de bloques, este debate es en el fondo muy necesario. Pero no solo por esa «ley de nietos», aunque seguro que tiene agujeros y porque la ley anteriormente ya reconocía que el hijo de un español nacido en el extranjero era español y por tanto tenía el derecho a ejercer el voto. Por tanto, en mi opinión lo que España necesita definir y definirse es sobre la españolidad. Y desligarla del censo electoral.

En eso si tengo clara mi postura de partida: defiendo que solo los españoles residentes deberían votar y poder ser votados en la circunscripción electoral correspondiente y que lo máximo aceptable es que habría que modificar la Constitución para limitar ese derecho a voto y generar de forma alternativa una circunscripción exterior donde se elijan diputados propios, como sucede en otros paises con diasporas como Italia o Francia.

Y por supuesto creo que hay que separar la residencia de la nacionalidad, que es algo mucho más profundo y permanente que la organización y legalización administrativa de los residentes.

Hace falta más pedagogía, menos ruido y más ganas de querer debatir, de verdad, sobre que es España y quien y que el ser español. No es un debate estéril ni menor. Es el momento, antes de que sea tarde, de afrontarlo. No es fácil, pero es necesario.

miércoles, 24 de junio de 2026

#OPINIÓN - Democrata y cristiano 15 junio 2026 | ÓSCAR CEREZAL

 Hoy ha publicado en ABC José F. Peláez, un texto que me parece importante difundir. En el recoge, la paradoja de que «por algún motivo, el éxito de los democristianos no ha conllevado que se les tenga en cuenta, sino que se les aparte». Comparto esta opinión, de que la Democracia Cristiana ha sido apartada del imaginario colectivo, no solo por sus errores (que los ha tenido y graves) sino precisamente por el peligro de sus aciertos, que son incompatibles con lo que se ha llamado modernidad y que con tanto ahínco han abrazado todas las izquierdas y derechas. Como bien dice Peláez «no logra conectar con la política entendida como revancha, como lucha de clases ni –mucho peor– como lucha de razas«.

Es un tema muy apasionante, por eso seguiremos hablando de la Democracia Cristiana. Hoy les dejo aquí el texto en cuestión. Que lo disfruten…


domingo, 7 de junio de 2026

#OPINIÓN - Y tú más | ÓSCAR CEREZAL

 



Si hubiera una competición olímpica del «y tú más«, España tendría más medallas que corrupción acumulada. Y eso ya es decir.

Cada vez que estalla un nuevo escándalo político, uno podría pensar que los responsables saldrán a dar explicaciones, asumir errores o, al menos, mostrar algo de vergüenza. Pero no. Lo que llega es un espectáculo perfectamente ensayado: señalar con el dedo al rival y recordar alguna de sus miserias. Da igual que la casa propia esté ardiendo; lo importante es convencer al público de que la del vecino arde más. Y para eso los medios subvencionados (que son la mayoría) sirven de coro sincronizado. A izquierda y derecha.

La corrupción se ha convertido en una especie de partido de tenis donde los pelotazos son sumarios judiciales, comisiones sospechosas, enchufes y contratos dudosos. La pelota va de un lado a otro mientras los ciudadanos observan cómo nadie parece dispuesto a hablarles de responsabilidad, transparencia o ejemplaridad.

Lo más curioso es que aún hay quienes parecen no entender por qué aumenta la desconfianza y alguna gente (poca todavía) decide votar con mala leche, a falta de posibilidad de hacerlo con esperanza. ¿Qué esperan cuando la respuesta no es pedir perdón, sino buscar a otro que hizo algo parecido hace años?. Como si dos vergüenzas sumaran una virtud.

Al final, el mensaje es demoledor: la corrupción no importa demasiado, siempre que puedas encontrar a otro más corrupto que tú o que guste menos a tus fans. Y así seguimos, atrapados en este patio de colegio millonario del bipartidismo (y asociados) donde quienes deberían dar ejemplo se limitan a gritar: «¡Pues tú más!».

martes, 26 de mayo de 2026

#OPINIÓN: ZP | ÓSCAR CEREZAL

 



Lo de Zapatero está ocupando miles de páginas y de comentarios en tertulias, redes etc. Como es habitual se mueve todo entre el estupor de algunos, la algarabía de otros y el hartazgo de la mayoría. Eso si, los fans y los odiadores, hacen el ridículo a partes iguales. Unos clamando sobre la conspiración evangelicotrumpista y otros haciendo aspavientos como si eso de ex presidentes y expolíticos forrándose a manos llenas fuera la novedad del año. Nada nuevo bajo el sol.

Reconozco que mi desencanto político y moral sobre Zapatero no es nuevo. Eso no evita que defienda su presunción de inocencia, lo que hay que recordar es una garantía procesal no un escudo mágico ante el juicio –injusto o no– de la opinión pública. El mío viene de lejos. Diría que desde principios de su segunda legislatura. Zapatero me representó a primeros de los 2000, como un soplo diferente en una socialdemocracia anquilosada. Representaba una visión socioliberal y centrista –su grupo se llamaba Nueva Vía– al estilo del de Tony Blair y Schoeder, que parecían lo moderno y exitoso en esos momentos. Unos años después se comprobó que todos eran una estafa. Otra estafa. Esa modernidad progre –que luego recogió como farsa Ciudadanos–  venía acompañada de una campaña movilizadora en la calle, nada mugrosa ni proletaria, sino llena de artistas y sonrisas. ¿Qué más queríamos? Además enfrente estaba Aznar, tipo tan indecente en lo político –un hacha también para los negocios– como avinagrado. Esa suma de fáctores, hacía que los de la ceja parecieramos la lluvia que iba a limpiar una democracia incompleta y excesivamente partidista.

Enseguida se vio –o yo lo vi, desde mi puesto de gestión municipal– que tras los buenos augurios y el talante no había más que humo y oportunismo. Decisiones impactantes e históricas como la retirada de tropas de Iraq, el matrimonio gay o la puesta en marcha de la ley de dependencia – sin financiación, eso si-, eran medidas que sin negar su calado, no ponían en cuestión el modelo del 78 con sus corruptelas y poder económico intacto. O sea que el socialismo volvía a no aparcar las cosas de comer. Solbes como ministro de los dineros –como luego Calviño con Sánchez– eran la garantía de que el izquierdismo era cultureta y cosmético, pero que no iba a tocar ni a molestar a los que realmente mandan. Y así, como quien no quiere la cosa, nos comimos la burbuja inmobiliaria y los recortes posteriores, sin brotes verdes, con la misma sonrisa de siempre. Eso si, meneando un poco antes la memoría histórica  y al separatismo catalán, para hacer parecer de izquierdas un gobierno ligado a la ortodoxia liberal y el amor al libre mercado.

Por eso, me sorprende, esa izquierda desnortada que siente como propio el dolor de Zapatero y su destino judicial próximo. Entiendo a quien continúa agarrado a la socialdemocracia sanchista, como a un madero a la deriva, pero me cuesta más hacerlo con quien se movilizó el 15M contra ZP y solo se queda con las declaraciones mitineras de ayer, no con la realidad de su gestión un poco antes.

Zapatero fue un presidente que hizo una política equivalente al de cualquier partido socioliberal o radical (centrista) del norte de Europa. Lo que era una novedad que a algunos –muchos– nos agradó inicialmente pero que no se podía sostener en el tiempo. Aunque para cierta militancia de izquierdas, parece que si. Tras ser el presidente de la crisis económica y salir por la puerta de atrás de Moncloa, se reconvirtió tras un periodo de discrección en un adalid del pacto con el independentismo, las relaciones internacionales convulsas y las campañas indefendibles del sanchismo. Y gracias a eso, en un lobo de la consultoría y los negocios. Y todo sin perder la sonrisa.

Lo de Zapatero – desde el punto de vista ético, lo jurídico se dirimirá en años– es otro cataclismo para el PSOE y la izquierda asimilada. Decía ZP en un mitin reciente «que ser socialista significa tener muy poco y dar mucho«. Hay que tener mucha ceja.

miércoles, 13 de mayo de 2026

#OPINIÓN - Oportunismo | ÓSCAR CEREZAL

 



La crisis sanitaria del crucero MV Hondius, con pasajeros infectados con Hantavirus, ha vuelto a demostrar hasta qué punto parte de la oposición política y determinados medios de comunicación prefieren explotar el miedo antes que aportar serenidad.

Desde las primeras horas, algunos líderes políticos –sobre todo del PP y de la nefasta Coalición Canaria, aquí Vox ha sido más prudente y se ha puesto de perfil todo lo posible–  aprovecharon la incertidumbre para lanzar acusaciones precipitadas contra las autoridades sanitarias y el Gobierno, utilizando una emergencia delicada como arma de desgaste político. Resulta preocupante comprobar cómo, en momentos que exigen coordinación y prudencia, ciertos partidos optan por la confrontación y el cálculo electoral. La salud pública no debería convertirse en un escenario de propaganda. Y más cuando es un suceso, la afección de Hantavirus, generada lejos de España, con un barco extranjero y donde sí, había compatriotas que necesitaban atención y a los que había que atender. Preferencia nacional se llama esto también.

Tampoco la cobertura mediática ha estado a la altura en muchos casos. Las imágenes repetidas, los mensajes catastrofistas y la difusión de rumores sin verificar contribuyeron más a generar ansiedad que a informar. La competencia por captar audiencia volvió a imponerse sobre la responsabilidad periodística. Algunos programas parecían más interesados en el espectáculo del miedo que en ofrecer contexto, rigor o explicaciones útiles para la ciudadanía.

Las crisis sanitarias requieren transparencia, sí, pero también proporcionalidad y responsabilidad. Criticar la gestión pública es legítimo y necesario, pero hacerlo desde el oportunismo o el sensacionalismo solo erosiona la confianza social y dificulta la respuesta colectiva.

Las comparaciones entre la gestión de esta crisis y la del coronavirus es la fácil, pero hay que buscarla en la del ébola de 2014. Todo parece señalar que la gestión del Gobierno de España de esta crisis sanitaria sobrevenida ha sido totalmente exitosa. Por mucho que parece que le duela al PP.

martes, 12 de mayo de 2026

#OPINIÓN - Corrupción S.A. | ÓSCAR CEREZAL




 Hace mucho tiempo que un caso de corrupción no sacude conciencias. Desde hace demasiado, apenas agria el café. Ahora se juzga el llamado “caso Koldo”, con nombres como José Luis Ábalos y Koldo García orbitando en torno a un asunto cutre y casposo, propio de un folletín de tercera, que nos vuelve a mostrar un guion demasiado conocido: contratos bajo sospecha, amistades estratégicas y explicaciones que llegan tarde, mal o nunca.

A estas alturas, uno ya no sabe qué sorprende más: si los hechos en sí o la coreografía posterior. Primero, el “yo no sabía nada”. Después, el “todo es legal”. Y, cuando la cosa se complica, el clásico “que decida la justicia”, como si la ética fuese un trámite opcional que solo se activa por orden judicial.

Lo más inquietante no es que existan casos como este o como todos los que hemos conocido a un lado y otro del espectro político, sino la sensación de que forman parte del paisaje. Como si la corrupción fuese una tasa más: inevitable, asumida y, en cierto modo, integrada en el sistema. Y cuando eso ocurre, el problema deja de ser individual para convertirse en estructural. Forma parte del ADN no ya de nuestra política, sino de nuestra cultura. La corrupción emana en todos los ámbitos de nuestra vida y el aprovechamiento de los favores a los que uno tiene acceso, solo está mal vista si afecta a los demás.

«Da gusto» oir a quien dice que todos los políticos son iguales mientras estafa a sus socios con la caja, paga en negro las facturas o se lleva los cartuchos de tinta de la oficina. O va a ver al concejal de turno para pedirle que se salte la lista de espera para que su nieto pueda coger plaza en natación, invita a comer al técnico de turno para ver si la licencia se mira con más cariño o celeridad o presume de tener un primo guardia que le agiliza los trámites. Esos mismos, son o somos, los mismos que luego nos indignamos en el bar. Son o somos, los mismos que votamos a los corruptos y que incluso a veces, son o somos los votados.

Moraleja

Tranquilos: seguro que el próximo escándalo nos pilla “totalmente por sorpresa”. ¡Qué escandalo, en este local se juega!, decía el capitan Renault en Casablanca, mientras se metía su sobre en el bolsillo… Así es España. Y da mucha pena.

domingo, 26 de abril de 2026

#OPINIÓN - Ecopopulismo POR ÓSCAR CEREZAL





 


LA MIRADA DISIDENTE

El crecimiento de Partido Verde de Inglaterra y Gales en Reino Unido ya no es una anécdota simpática de la política británica: empieza a parecer una tendencia con recorrido. Y en buena medida, ese cambio de tono tiene nombre propio: Zack Polanski. Su perfil mezcla activismo climático, discurso social y una capacidad poco habitual para conectar con un electorado cansado de lo de siempre y sobre todo de un laborismo que se sabe si va o si viene.

Durante años, los Verdes fueron percibidos como una opción testimonial, casi decorativa. Pero el contexto ha cambiado. La crisis climática ya no es un tema de futuro lejano, sino de presente incómodo, y los grandes partidos siguen atrapados en equilibrios que a menudo suenan a excusa. Ahí es donde entra ese giro que algunos llaman ecopopulismo: un lenguaje directo, emocional y sin complejos que conecta la emergencia ecológica con el coste de la vida, la vivienda o la desigualdad.

Polanski ha sabido leer ese momento. Lejos de limitarse a hablar de emisiones o biodiversidad en abstracto, pone el foco en cómo la transición verde puede —y debe— mejorar la vida cotidiana. Menos facturas energéticas, más transporte público, ciudades más habitables. No es solo salvar el planeta; es hacerlo vivible para quienes ya están aquí.

El crecimiento electoral de los Verdes en distintas elecciones locales sugiere que este enfoque tiene eco. No es una ola imparable todavía, pero sí un aviso: hay espacio para una política que combine urgencia climática y justicia social sin pedir perdón por ello.

Quizá lo más interesante es que este avance no se apoya en la nostalgia ni en promesas grandilocuentes, sino en una intuición bastante simple: si el sistema actual no está resolviendo los problemas, alguien acabará proponiendo cambiarlo. Y, por ahora, los Verdes parecen cómodos ocupando ese papel en el Reino Unido. ¿Pasará lo mismo en el conjunto de España?

jueves, 23 de abril de 2026

#OPINIÓN - Alfredo Landa Por ÓSCAR CEREZAL

 



LA MIRADA DISIDENTE


Aún no he podido ver el documental Landa, dirigido por Gracia Querejeta y Miguel Olid, pero cuando lo haga –pronto– haré una reseña para La Mirada Disidente.

Aún así quiero desde aquí homenajear a una de las figuras más representativas del cine español del siglo XX, que se movió con naturalidad desde la comedia popular hasta el drama más exigente. Su trayectoria refleja no solo la evolución del actor, sino también la transformación cultural de España durante décadas clave.

En sus inicios, Landa se convirtió en el rostro del llamado “landismo”, un fenómeno cinematográfico de los años 60 y 70 caracterizado por comedias ligeras donde encarnaba al español medio: ingenuo, algo reprimido y obsesionado con una modernidad que apenas comprendía. Aunque estas películas fueron en su momento encasilladas como entretenimiento menor, cosas de lo que se atusaban los bigotes y aún siguen haciéndolo mientras ver peliculas finlandesas en VO, hoy se valoran por suerte como un retrato sociológico de la época.

Sin embargo, limitar a Landa a este registro es injusto. A partir de la Transición, el actor rompió con ese molde y demostró una profundidad interpretativa extraordinaria. Películas como El crack, Las verdes praderas o Los santos inocentes evidencian su capacidad para abordar personajes complejos, cargados de humanidad y matices. En esta última, su interpretación le valió reconocimiento internacional y consolidó su prestigio como actor dramático.

sábado, 18 de abril de 2026

#OPINIÓN - Ese Cuerpo por Óscar Cerezal



LA MIRADA DISIDENTE

 En tiempos donde la política se teatraliza entre gestos grandilocuentes, eslóganes de usar y tirar… el ascenso de Carlos Cuerpo a la vicepresidencia tiene incluso un punto reconfortante. No hay épica, no hay giros inesperados: hay un buen currículum, solvencia técnica y una trayectoria que encaja con la precisión de un Excel bien cuadriculado. Exactamente lo que cabría esperar de un ministro de economía en el espacio euro.

Porque si algo define a Cuerpo no es el ruido, sino una ortodoxia tranquila y socioliberal. Esa que no necesita levantar la voz porque habla en el idioma que tranquiliza a los que verdaderamente mandan, es decir el de los mercados, las instituciones y la Unión Europea. En ese sentido, su nombramiento no sorprende; más bien confirma una línea de continuidad que en su momento ya encarnó su mentora, Nadia Calviño. Una senda marcada por la disciplina fiscal, que carga todo el peso sobre las rentas del trabajo de las clases medias y trabajadoras pero no hace ni un rasguño a las del capital y por donde el nuevo vicepresidente parece dispuesto a caminar sin desviarse demasiado.

Porque por muy brillante que sea el técnico, o precisamente por eso, no deja de operar dentro de un sistema con reglas predefinidas. Y este sistema, el liberal europeo, no es precisamente un lienzo en blanco. Más bien es un marco bastante delimitado, donde las grandes decisiones ya vienen condicionadas por compromisos previos, equilibrios institucionales y una cierta fe en que la estabilidad es, ante todo, una virtud.

Así que sí, creo que Carlos Cuerpo es el más capaz, solvente y, probablemente, una opción electoral viable para el gobierno. Pero también es, como lo fue Calviño y toda la política económica del gobierno más progresista de la historia – si no de la galaxia -, un engranaje bien ajustado en una maquinaria más amplia. La del globalismo de los mercados que Pedro Sánchez combate los lunes por la mañana y al que se pliega el resto de la semana.

Pese a todo eso, fíjense como estará el nivel, su nombramiento no deja de ser una buena noticia… siempre que uno no estuviera esperando una revolución o un ministro de izquierdas.

#OPINIÓN - Caracas / Madrid por Óscar Cerezal



LA MIRADA DISIDENTE

 Hace años que Venezuela tiene una capital sentimental: Madrid. Y no solo por los cientos de miles de venezolanos que pueblan nuestras calles, donde claman alegremente contra la  «dictadura social-comunista sanchista» que les ha regalado la residencia y los papeles en tiempo record, sino porque nuestros dirigentes se han pasado años discutiendo más, en primera persona, de lo que sufrían los del país vino tinto que de lo que les pasa a los que vienen a ambos lados de la M30.

Una vez que les hemos dado todos los premios del mundo a los dirigentes opositores y que el chavismo degenerado en madurismo se ha reciclado de nuevo con Delcy como los mejores lacayos petroleros del gobierno Trump… ya parece que –aunque hay unos últimos coletazos todavía en el PePerismo castizo para mantener un caladero importante de votos– es un tema un poco incomodo para todos, para los liberales del Madrid de todos los acentos y también para la izquierda zapaterista.

En realidad, los venezolanos nos la han traído al pairo siempre. Y a los medios de comunicación que han llenado sus espacios, también. Cuando los oligarcas «democráticos» condenaban a la miseria a la mayoría de sus conciudadanos y cuando los nuevos oligarcas del postchavismo lo han seguido haciendo. A nosotros lo que nos gusta es pegarnos por causas a miles de kilómetros con demagogia barata y postureo para consumo interno, que no se sostienen en un minuto de debate sosegado.

Decía un meme en redes que cuando un Venezolano entraba por Barajas había dos filas. En una, donde se colocan los hijos de los oligarcas del gobierno y de la oposición venezolana – que son fiel reflejo del final de la novela Rebelión en la Granja– les dan las llaves de un pisazo en el Barrio de Salamanca. En la otra, al resto, una mochila de Glovo y una bicicleta. Una vez que Trump es el patrón de Venezuela, esto no ha cambiado. Nosotros tampoco.

martes, 7 de abril de 2026

#OPINIÓN - Guernica por Óscar Cerezal

 



Parece que el PNV ha decidido que ya tocaba otra batalla épica para ver si frena la sangría de votos hacía EH Bildu: pedir que el Guernica vuelva a Euskadi por no se que reparación que el Estado, ese ente que parece ajeno a ellos que llevan gobernando el País Vasco en nombre del Estado los últimos 40 años. Porque claro, en el mundo en general y en el País Vasco en particular no hay problemas más urgentes. Ni vivienda, ni sanidad, ni esas nimiedades sin importancia. No. La prioridad absoluta es mover un cuadro de sitio, como si estuviéramos reorganizando el salón de casa un domingo por la tarde.

La idea, por supuesto, se vende como un acto de justicia histórica, de reparación emocional y, si se tercia, de alineación cósmica. Todo muy solemne, muy profundo. Y también muy ridículo, porque ese cuadro que pintó el malagueño universal y que estaba dedicado a la muerte del torero Sánchez Mejías y que fue comprado por el gobierno republicano –previo cambio de nombre– para propaganda durante la guerra y exponerlo en la Feria Universal, es propiedad del gobierno español.

Aunque, curiosamente, siempre surge en momentos políticamente oportunos. Qué coincidencia tan caprichosa.

Mientras tanto, el cuadro sigue en el Museo Reina Sofía, aunque debería estar en el Casón del Buen Retiro, rodeado de turistas que, ingenuos ellos, creen que están viendo arte universal y no un rehén geopolítico pendiente de traslado. Porque sí, ahora resulta que el valor simbólico del Guernica depende de su código postal y de las expectativas de voto de la derecha vasca. Picasso, seguro, estaría encantado de saberlo.

Y así seguimos, con debates de alto nivel estratégico: que si el cuadro para arriba, que si para abajo, que si es mío, que si es tuyo. Todo muy adulto, muy edificante. Mientras tanto, el resto del país observa, entre divertido y agotado, cómo algunos convierten la cultura y la historia en una partida de Risk. Pero con menos dados y más discursos grandilocuentes.

A ver si con esto el PNV recupera fuelle frente a la izquierda abertzale, reclamándose heredero de los que perdieron la Guerra en 1936 y de paso obviando que sus antecesores traicionaron a la República con una rendición cobarde ante el fascismo italiano en Santoña. Rendición miserable que influyó y mucho en el devenir de los frentes militares del norte de España.


LA MIRADA DISIDENTE

martes, 31 de marzo de 2026

#OPINIÓN - Almodóvar por Óscar Cerezal


 Lo confieso: tengo una relación complicada con Pedro Almodóvar. No es odio, ni mucho menos amor; es más bien una especie de alergia estética con brotes intermitentes. Como cuando alguien te cae bien… pero no soportas tenerle cerca. Pues eso, pero con filmografías casi enteras. Y digo casi, porque no dejo de negar que tiene películas que me gustan (pocas) y otras a la que reconozco su valor cinematográfico (alguna).

Cada vez que intento reconciliarme con su obra, me preparo: luz tenue, mente abierta, actitud moderna. “Esta vez sí”, me digo. Y entonces aparecen esos colores imposibles, esos personajes que hablan como si siempre estuvieran en el clímax emocional de su vida, y yo empiezo a sudar. No literal (bueno, a veces sí), pero hay algo en ese universo tan intensamente almodovariano que me sobrepasa.

Y ojo, entiendo su importancia, su sello, su revolución estética, su manera de retratar lo femenino, lo marginal, lo excesivo. Lo sé. Lo valoro. Incluso lo admiro… a ratos. Pero hay momentos en los que siento que estoy viendo la misma escena repetida con distinto vestuario: drama, grito, confesión, giro, más drama. Y yo, desde el sofá, pidiendo un cubata.

Mi manía con Almodóvar no es racional. Es casi física. No le soporto a el, directamente, ni a los que llevan peloteándole como lo más de lo más desde hace 40 años. Sé que el problema es mío, pero eso no lo hace menos real. Creo, sin coñas, que es un director decente, importante, necesario… pero mucho menos de lo que algunos medios han construido durante decenios. Es un producto cultural de la España moderna que queriamos vender al mundo y que ha generado un monstruo del ego encantado de conocerse bastante insoportable. 

Eso sí, no pierdo la esperanza. Quizá un día vea de nuevo una de sus películas, ya que hace tiempo que he dejado de intentarlo, y no me entren ganas de salir corriendo. O de escribir otro post recordando, lo mal que me cae, como este.

PD: No es el único ¿eh? En el mundo del cine también me pasa casi lo mismo con Carmen Machi o con Nicolas Cage y sigo casi, porque a Almodobar si le detesto y a esos otros, tanto no. Manías de señor que va haciéndose mayor…

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