A menudo pasa desapercibida, pero la parada de autobús junto a la iglesia de Sotillo, aparentemente tan común, encierra una armonía y sencillez admirables. Lejos de ser un simple refugio, esta estructura puede catalogarse, artísticamente, como racionalista. Cada elemento está pensado, nada es fruto del azar y la ausencia total de adornos superfluos realza su función principal: la de servir como parada de autobús.
Además, por su robusta construcción en hormigón y su rechazo a cualquier tipo de ornamentación innecesaria, también podríamos enmarcarla dentro del brutalismo. Es un ejemplo sutil de cómo la funcionalidad y la elección de materiales pueden confluir en una pieza de diseño que, pese a su modestia, posee un notable valor estético y arquitectónico.
Trespassos

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