martes, 27 de enero de 2026

#OPINIÓN - Ucles ¿pose o letras? por Óscar Cerezal

 


LA MIRADA DISIDENTE 

La irrupción de David Uclés en el mundillo literario ha sido, ante todo, un ejercicio de saturación. Con la publicación de La península de las casas vacías, el autor no solo ha intentado resucitar el realismo mágico —un género que ya parecía haber agotado su capacidad de asombro—, sino que lo ha hecho envuelto en una estética de la pose que a menudo eclipsa la propia calidad de su prosa.

Uclés ha sido presentado como el heredero de García Márquez en suelo ibérico, pero el resultado se nota bastante forzado. Su intento de narrar la Guerra Civil a través de lo fantástico peca de un exceso de artificio. Donde los maestros del género encontraban poesía en lo cotidiano, Uclés busca el impacto visual fácil, convirtiendo la tragedia histórica en un decorado de cartón piedra. La obra es extensa, ambiciosa, sí, pero su ambición se traduce en una verborrea que confunde la cantidad con la profundidad.

Sin embargo, lo que más chirría en la trayectoria de Uclés y por lo que le he cogido manía al pobre –pobre no de dinero, sino de lo que parece que sufre las críticas y la exposición pública que fomenta- no es solo su estilo, sino su construcción mediática. El autor parece habitar en una sesión de fotos perpetua. Sus apariciones, cargadas de un misticismo impostado y una autoconciencia de «genio joven», sugieren que le interesa más el personaje del escritor que el oficio de escribir.

En un mercado editorial sediento de caras nuevas, Uclés ha sabido vender el envoltorio. Y en una España deseosa de bandos y bandas, ha encontrado un buen espacio. Pero bajo la boina, la ropa cuatro tallas más grande y las declaraciones grandilocuentes, queda la duda de si estamos ante un renovador de las letras o ante un producto de marketing muy bien diseñado para contentar a una progresía cultureta con pocos referentes últimamente y una derechona envalentonada, con ganas de dar palos y de paso, con muchas ganas también de hacer caja. La literatura exige muchas cosas, pero la pose de Uclés, por ahora, a mi solo me ofrece espectáculo.

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