martes, 25 de agosto de 2026

CRÓNICAS SOTILLANAS - Talleres Jai-Mari, agosto 2026




Si hablamos de talleres míticos de los que yo recuerdo, de aquella época gloriosa, solo me vienen a la memoria tres: Talleres Coloma, Jai-Mari y otro enorme que tenía incluso un surtidor de combustible y que estaba situado en lo que hoy es el restaurante Pancho. Como el edificio de los Coloma ya no existe, ni tampoco aquel otro taller, hablaré únicamente del genuino «engrase» de Jai-Mari.

Porque antes de la posmodernidad y de la tontería que tenemos encima, a lo que hoy llamamos simplemente «cambiar el aceite» se le llamaba «engrase». Y los talleres multimarca, que ahora nos parecen algo moderno, ya existían hace muchos años, cuando prácticamente todos los talleres lo eran.

Sé poco de aquel taller, salvo que trabajaban todas las marcas y que su dueño, Jaime, estaba todo el santo día pendiente de los coches que por allí pasaban. Era un hombre trabajador y eficiente, de esos que recibían a sus clientes con amabilidad y se preocupaban de verdad por sus vehículos.

El taller era grande para aquella época. Siempre había ruedas apiladas en algún rincón, herramientas por todas partes y algún coche subido a los elevadores. Su segundo de a bordo era su hijo, también llamado Jaime, siempre con su eterno mono azul y un trapo en las manos, con el que se limpiaba el aceite de las suyas. Entre los dos llevaban el taller como una auténtica pareja de directores de orquesta, cada uno pendiente de su cometido y, sobre todo, de que todo funcionara.

Recuerdo especialmente aquella entrada llena de coches esperando su turno y la actividad frenética que se respiraba dentro. Era uno de esos lugares que formaban parte del paisaje cotidiano del pueblo y que, sin darnos cuenta, acabaron convirtiéndose en parte de nuestros recuerdos.

Por eso creo que Jai-Mari merece un lugar en nuestra memoria. Y, si hablamos de conservar nuestro patrimonio —también ese patrimonio industrial y comercial que forma parte de la historia de nuestros pueblos—, sería bonito recuperar y restaurar su gran cartel, ese que todavía puede verse desde la carretera.

Porque un cartel puede parecer poca cosa, pero detrás de él hay una historia, un oficio, una familia y varias generaciones de vecinos que pasaron por allí. Y, sin duda alguna, forma parte de la identidad de nuestro pueblo.

Seguro que vosotros tendréis algo mas que añadir. 


Manuel J. Monterde Castillo

Trespassos

2 comentarios:

  1. Reitero todo lo que dices el taller de jai Mari es un icono del pueblo lo mismo que fue el de coloma el de Saavedra una generación de hierro ,Jaime y Angelines humildes ,trabajadores y el saber al trabajo bien hecho pendientes siempre de sus clientes , siempre les cuidaban con amabilidad y esmero y después también su hijo Jaime y su hijo cesar que todos formaban un negocio familiar entrañable y trabajador y si se merecen esté reconocimiento por la labor a sun trabajo bien hecho ,a,su humildad y a que eran grandes personas ,y ese taller a formado parte de nuestra vida y de nuestro pueblo ,D,E,P,dos grandes personas Jaime y Angelines

    ResponderEliminar
  2. Le pusieron jai Mari por su hijo Jaime y su hija Mari

    ResponderEliminar

ÍNDICE